Querida compañera y sin embargo amiga:
Recuerdo nuestra conversación en un bar de la ciudad de Valladolid apenas una o dos horas después de la finalización de la manifestación. Recuerdo que todo empezó porque yo te pregunté a que se debía tu ausencia en la manifestación cuando habías dicho que si que asistirías, tu respuesta fue rotunda pero lógica: “estoy a favor de la reforma”, por supuesto nos enzarzamos en una pequeña discusión que fue interrumpida por los acordes de guitarra de un amigo común. No obstante, la conversación quedó a medias y aprovechando que mi tarde de domingo está siendo algo casera y aburrida espero que no te importe que te conteste por aquí.
Que quede claro, y creo que tú lo sabes, que soy bastante crítico con los sindicatos y también con los partidos que apoyan la reforma y con los que no la apoyan, aunque sea simpatizante de uno de ellos. Voy a partir de dos palabras que tú me dijiste “es necesario”, mi pregunta es ¿Por qué? ¿Qué bien le va a hacer a la ciudadanía que el valor de su trabajo por año trabajado, en caso de despido, sea de 20 días por año trabajado? Yo soy de la opinión que a la ciudadanía ninguna, pero claro a mí me gusta decir que la economía es un útil al servicio del pueblo y no al revés. Pero en el caso de considerar la premisa neoliberal de que fuera al revés, como nos obligan a creer desde las plataformas mediáticas, esta medida es también contraproducente, porque, como el gobierno ha admitido, esta reforma no va a crear empleo, de hecho está sirviendo para que los empresarios despidan trabajadores, aún cuando la empresa no está en quiebra, y es que, otra de las medidas estrella de este atentado contra el estado del bienestar es la posibilidad de que el empresario pueda despedir simplemente porque haya tenido menos ingresos no porque esté en bancarrota. Es decir a menos trabajo menos ingresos por impuestos por lo tanto menos recaudación de la hacienda. por consiguiente mayor estancamiento de la economía y posibilidad de que el gobierno realice más recortes y por lo tanto sigamos entrando en una dinámica cíclica de autodestrucción.
Pero mi querida compañera, aquí no acaban los despropósitos hacia la clase obrera, que ahora más que nunca debe estar unida. Pongámonos en la situación de que tengas una enfermedad común, una gripe, o varias, y tienes que faltar una temporada mayor a 9 días en dos meses, pues puedes ser despedida solo por eso. Fíjate los meses de diciembre y Enero, con lo susceptible que son algunas personas a coger catarros ¿acaso una familia con necesidad de dinero podría permitirse que no entrara un sueldo por culpa de un vulgar virus?
También me ha llamado la atención, y así tengo que denunciarlo, que el empresario puede decidir tu traslado incluso de ciudad. A nosotros ya se que no nos importa, somos jóvenes y con ganas de comernos el mundo, pero son muchos los padres y madres de familia que ya tienen la vida echa en algún lugar, con su casa comprada, su jardincito, su perro y su paella de los domingos ¿a los 40 o 50 años van a tener que cambiar de vida?
Pero no se me escapa, que tú con la suspicacia que te caracteriza, me dijiste que si estaba en contra dijera que si era posible otra solución. Hombre, he estado pensando y he llegado a una solución que me gusta, aunque he de decir que no ha sido idea mía, ya lo aplico Keynes en la Gran Depresión, y es la inversión en obra pública, en cierto modo ya lo intentó el gobierno del PSOE pero lo orientó mal, pues el famoso Plan E no dió apenas tiempo a las administraciones a realizar propuestas con visión de futuro y sirvió tan solo para dar trabajo sin que repercutiera en unas infraestructuras importantes. En primer lugar, a ti y a mí que nos gusta pasear por la ciudad y disfrutar de ella, podemos comprobar la necesidad de rehabilitación de muchos edificios ¿Cuántos empleos no se generarían con ello? Pero aquí no acaban las posibilidades de la administración, con lo criticada que ha sido la ley de dependencia por falta de recursos, no me dirás que no sería un nicho de trabajo importante. Pero, al igual que hizo Keynes con el valle del Valle del Tennessee, ¿Por qué no invertir en grandes infraestructuras? Así a la vez que creas trabajo creas infraestructura para que en el futuro el país sea más competitivo.
El único problema de todo esto es la necesidad de grandes inversiones de dinero público ¿de dónde sacarlo? Para ello me remito al artículo 31 de la Constitución Española: “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”. En este sentido, la propuesta es clara, que todas las rentas tributen de la misma manera, sean del capital o del trabajo, y que paguen más los que más tienen y más ganan. Por no mencionar, el dinero que podría salir de la lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida (23% en nuestro país).
Pues bien, mi querida amiga, mi propuesta es clara: frente a aquellos que quieren pasar la factura de la crisis a los trabajadores o pequeños empresarios, cuando ellos no son culpables, yo pienso que somos el pueblo llano quienes debemos pasar la factura de la crisis a ellos, pero claro eso no puede hacerse quedándose en casa hay que salir a luchar juntos.
Atentamente tu compañero Juanfran.