domingo, 28 de octubre de 2018

Los enemigos de la diversidad


Para mí la palabra que mejor define a la sociedad actual es “diversidad”. Una realidad que ha llegado a base de que muchas reivindicaciones y colectivos se hayan hecho hueco a base de mucha calle y muchas “tortas”. Negar que el mundo es multiracial, que hay multitud de identidades culturales y nacionales, incluso entre las fronteras de un mismo estado, o que la gente puede tener preferencias sexuales diferentes, es negar la fotografía de un mundo que, con sus avances y retrocesos, avanza. Pero, sin embargo, lo cierto es que se niega...

Reconozco que a veces este concepto choca con mi propia forma de pensar. No es agradable reconocerlo puesto que creo que aceptar la diversidad es un paso fundamental para avanzar en favor de la igualdad, que al final es el principal objetivo de la izquierda, pero a la vez pone de relieve la existencia de un marco reivindicativo más complejo que la tradicional lucha de clases, pero que debe ser aceptado porque en sentido estricto todas las desigualdades del mundo (ya sean sociales, raciales, sexuales, de género...) tienen una misma raíz. Aunque esto genera tener que introducir cambios discursivos, de acción en las calles, de interpretación de las políticas (es decir, con enfoques que tengan en cuenta esa diversidad) y con una fuerte pedagogía.

Aún así, no es la izquierda la que debe preocupar, porque con sus/nuestras contradicciones, torpezas , falta de análisis o pedagogía, ha habido grandes avances que nos indican que no vamos tan errados en el camino. Pero sí que deben preocupar las posiciones reaccionarias crecidas a la sombra del fracaso y la frustración de la vieja política. Me refiero a esos movimientos que se piensan que las sociedades son todas homgéneas, que imponen una bandera bajo la que mucha gente no se siente representada, que ponen en duda el hecho de que a día de hoy no hay una igualdad real entre hombres y mujeres, que ven irracional todo aquello que no sea una relación entre un hombre y una mujer o que prefieren que haya gente que muera huyendo de los horrores de su país antes que prestar ayuda. Esos movimientos son peligrosos, son enemigos de la solidaridad y la igualdad que deben marcar un proyecto de sociedad futura y, desde mi punto de vista, hay que combatirlos.

Curisosamente, hoy, en Brasil, ha ganado las elecciones un enemigo de esa diversidad. Me entristece y me asusta...

lunes, 6 de agosto de 2018

Castilla la conservadora, un binomio difícil de separar


Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres, al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor “ Así rezaban los pasquines que se colgaban en las puertas de las Iglesias (facebook de la época, parece ser) en el preludio de la Guerra de las Comunidades. Puede ser, por lo tanto, que, como Castilla no se ha vuelto a levantar, hay cosas que no tienen por qué cambiar, y hoy Castilla, cuyos símbolos se han convertido en las bases sobre las que se ha construído la identidad española más cañí, sigue gobernada por quienes no tienen más amor que el poder y el dinero.

Esto, que queda muy bien como inicio de un reclamo de corte castellanista, es algo común al resto de territorios. Al final, lo cierto es, que la casta, que decía el PODEMOS del principio, o la oligarquía que dicen los partidos de tradición marxista, solo busca su propio interés, residan dónde residan. Por ello jamás creí que el Partido Popular de Castilla y León fuera diferente al del resto de España y el caso Enredadera está constatándolo.

Yo, que me considero buen castellano, estoy más atento siempre a la política que se realiza en la “corte” madrileña o en tierras catalanas, y es que, tirando de refranero (como buen castellano) “se ve antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”, aunque la realidad es que los medios de comunicación hace que nos fijemos más en la paja, de hecho, todos, incluídos los más despegados del debate político (eso, los cuñados), sabemos quien es Oriol Junqueras (viejas del lugar se santiguan según escucha su nombre), pero pocos conocemos el nombre de algún consejero castellanoyleonés.

No obstante, y a pesar de lo antes mencionado, el nombre de Ulibarri ha llegado a más gente de lo previsto, haciendo ver que, también en Castilla y León hay corrupción (si es que, como parece, hay gente que no se había dado cuenta). Lo realmente interesante de esto, no es que haya una importante red clientelar, sino el por qué de la fidelidad de voto al PP elección tras elección.

Se me ocurren varias explicaciones:

1- La historia de Castilla es la que se identifica con la idea de España, es la que adoptó el conservadurismo para desarrollar su relato. Puede ser, que por ello, no haya tenido mucha fuerza el discurso castellanista, al fín y al cabo es difícil luchar contra gigantes y “David y Goliat” era una fábula.

2- En envejecimiento de la población, dado que siempre es más difícil cambiar cuanto más mayor eres y Castilla y León se está convirtiendo en un geriátrico.

3- El carácter rural del poblamiento. De hecho, con el alto porcentaje de municipios por debajo de los 5000 habitantes, y con una ley electoral hecha a medida, hace que el voto rural, de tendencia conservadora, pueda contrarrestar el voto urbano (que dicho sea de paso no es que sea precisamente “antiPP”). Hay que señalar al respecto, que el medio rural, muy envejecido, es un espacio dónde se ve bien ser de derechas, en muchos lugares si eres del PSOE ya eres un “rojo subversivo”, además, la sociedad es muy homogénea y los valores se transmiten de generación en generación, habiendo poca “agitación de conciencias” y choque de opiniones.

4- En frente el PP tiene “nada”, y es que el PSOE ( a nivel regional, se entiende), está perdido en peleas continuas y falta de liderazgo, que produce que cambien de cabeza continuamente, lo cual dificulta aún más sus “escasas” posibilidades. Por otra parte, se podría decir, que la izquierda parlamentaria ha alcanzado ya su tope en las anteriores generales, si acaso, a través de movimientos sociales, y demás, pueden tener algo de relevancia en el mundo urbano, pero no parece que lleguen a ser una verdadera amenaza al poder de la derecha regional. En el medio rural, el carácter conservador de este, y el empecinamiento por hacer bandera de reivindicaciones “mal vistas” (entiendasé que chocan con determinados valores), hace que lo tengan “crudo”.

5- La estructura de la tierra, la PAC, las subvenciones … Son elementos que generan pequeños propietarios que se identifican más con posiciones conservadoras.

6- La política de subvenciones a asociaciones, la burocracia, los tratos con empresas, la hegemonía del PP en administraciones supramunicipales que escapan al control ciudadano (diputaciones, mancomunidades...)...produce una red clientelar muy sólida, que quizás solo es comparable con Galicia, Asturias o Andalucía.

7- El debate político en la calle se centra en lo que ocurre en otras comunidades o a nivel nacional, alimentado esto por los medios de comunicación, ya sea debido a la ausencia de Castilla y León en las cadenas y periódicos generalistas o a través de la ausencia de contenidos comprometidos en la prensa regional.




Dicho lo cual, tenemos derecha para rato. Viva la democracia.

domingo, 29 de abril de 2018

Deberíamos cuidar más nuestro folklore


No tengo intención de agitar ninguna identidad más allá del arraigo hacia mi tierra o, por lo menos, al entorno en el que vivo, pero pienso que los castellanos nos queremos poco. Durante años hemos asistido a un bombardeo de homogenización cultural, que, personalmente creo que es un intento de inculcar unos valores determinados. . Hablo de las sevillanas, del flamenco, de las rumbas… que, respetando mucho los gustos de cada uno, nos las han metido con calzador como un intento de interiorizar un folklore ligado a la identidad e imagen de España que se quiere vender.

En Tordesillas y en los pueblos de alrededor este tipo de música y de actos están muy presentes, rara es la fiesta de un pueblo dónde no haya una actuación con acento andaluz, actuaciones, que, por otra parte, suelen arrastrar a mucha gente. Así tenemos ferias de abril por todos los pueblos dando igual que sea Abril que Junio.

Este fin de semana, sin ir más lejos, ha tenido lugar la llamada “Feria del Caballo”, y debido al hartazgo y a la necesidad que tenía de despejarme y pasar tiempo con mis amigos acabé entre mujeres vestidas de sevillanas y música propia de la ocasión. Madre mía, pensé… Una vez más me sentí entre dos mundos, me volví a sentir el diferente, porque es evidente que mi círculo social se siente atraído por este tipo de actos pero yo no, si tengo que escuchar música tradicional me quedo con mis jotas y mis seguidillas.

Si hecho la mirada atrás las letras y la música castellana han estado presentes en muchos momentos de mi vida: recuerdo cuando era pequeño y doblaba la esquina para enderezar el rumbo a casa de mi abuelo y escuchar tocar la bandurria, a mi padre y a mi tío comenzar a cantar jotas después de las comidas familiares y que les siguiéramos todos, ir con mi familia a Villalar el 23 de Abril y cantar al Nuevo Mester o Candeal, o siendo más mayor, cuando llegué a la carrera lanzarme a cantar yo mismo ya fueran jotas o coplas con las que acabábamos riéndonos todos (aunque cierto es, que por vergüenza, solo lo hago en círculos muy cerrados)… No tengo dudas de que el folklore castellano ha estado presente en muchos de los mejores momentos que he vivido. Quizás por eso me duele la minusvaloración que se hace de él y la promoción desde las instituciones, creo que de forma errónea, de otro tipo de eventos que lo solapan.

No estoy en contra de que la gente disfrute haciendo lo que le gusta, pero las instituciones deben proteger nuestra cultura popular, la más próxima, porque, además, aunque no nos lo creamos, nuestra tierra tiene cosas asombrosas: fiestas populares que unen historia, leyenda, con música y diversión, letras que hablan de nuestras costumbres, de la vida que llevaban nuestros antepasados, de los oficios tradicionales que hoy echamos tanto de menos… Creo que todo eso merece ser respetado.

domingo, 1 de abril de 2018

¿Y si la inmigración fuera la solución al problema demográfico?


A finales del 2017 el instituto nacional de estadística asustó a España entera a través de los datos del movimiento natural de población. Un susto de unos días que vino propiciado por la publicación de datos relativos al movimiento natural de la población, es decir, la relación entre nacimientos y defunciones, que ha alcanzado su mínimo desde que creciera, tras tocar un mínimo en 1998, en la época de la burbuja económica y empezara a caer con la llegada de la crisis.

 Es muy curioso, como diferentes sectores aprovecharon la noticia para abrir el delicado debate sobre las pensiones. La ecuación para ellos es interesada, pero fácil de vender, si hay menos nacimientos que defunciones y la esperanza de vida es mayor no habrá reposición de activos y, por lo tanto, el sistema público de pensiones es inviable. El problema es que según ese argumento caminamos hacia una pirámide de población cada vez más envejecida lo cual acarreará más problemas, no solo en materia de pensiones.

Se trata pues, el tema de las pensiones, de un elemento más que está vinculado, entre otras, con la crisis demográfica que atraviesa nuestro país. Un periodo caracterizado por bajas tasas de natalidad, de inmigración, emigración de activos jóvenes, un agudizamiento de la despoblación que ya venían sufriendo las áreas de las áreas rurales, pérdida de activos en el mundo urbano, envejecimiento de nuestra pirámide poblacional, así como distribución desigual de la población, con aglomeraciones en el litoral mediterráneo y en grandes urbes y escasa densidad en toda la España interior, fruto de elementos como el acceso a la tierra, cada vez concentrada en menos manos, y la incapacidad de realizar políticas de ordenación del territorio que orienten y distribuyan las inversiones evitando su concentración en las grandes ciudades arrastrando a ella todos los recursos e impidiendo el desarrollo del empleo en los espacios ahora más despoblados.

Es imposible pensar que vamos a volver a las tasas del crecimiento del “baby boom”, y es que muchas de las conquistas sociales lo impiden: incorporación de la mujer al mercado laboral, alargamiento de la vida estudiantil, la mentalidad moderna con el tardío acceso a la natalidad… Por ello me parece un error hablar de que la solución a la crisis demográfica pasa por las políticas natalistas. Temas como la conciliación de la vida laboral y familiar, las ayudas económicas a la natalidad y a la emancipación, las políticas fiscales… son elementos que se deben realizar pues son síntoma de sociedades desarrolladas, pero, pudiendo favorecer la mejora de la tasa de natalidad, la realidad muestra que no se va a volver al número de hijos por mujer de la generación del “Baby Boom”, por lo que, será muy difícil el recambio generacional de toda esta generación que ahora se está jubilando. Lo que si se observa es un claro interés por parte de muchos sectores de hablar de este tipo de políticas, y es que ¿Quién no va a estar de acuerdo? Pero no te hablan de la otra realidad, que es la de que, aunque haya mejoría, solo con eso, no se llega.

En España,  entre 1998 y 2008, la tendencia mejoró. Curiosamente esta etapa fue la etapa con incorporación de mayores activos extranjeros. Se trataba de población joven con tasas de fecundidad superiores a la media española. Un aporte de activos que rejuveneció la pirámide de población de nuestro país. Se trata este de un debate menos grato que el anterior, pero que debe ser complementario para la falta de nacimientos en relación con la generación del “baby boom” y así garantizar el sistema de pensiones y de prestaciones sociales. Esto ya lo tuvieron que afrontar en otros países centroeuropeos, como Alemania en la década de los 70, teniendo como resultado que la inmigración fue positiva para mantener el desarrollo del país. Por lo tanto se trata de experiencias ya probadas.

Estamos ante un asunto susceptible de ser sometido a demagogia, pero que hay que afrontar con valentía. Surgirá, probablemente el discurso xenófobo que deberá ser contrarrestado desde posiciones progresistas sin caer en ese “buenismo” que a veces caracteriza a la izquierda. Habrá que poner énfasis en lo positivo de la inmigración y tener en cuenta que una mala planificación de ello puede generar malestar, como ha pasado en otros países europeos, que se puede generar choque cultural, competencia por los recursos de un determinado espacio, cambio en la fisionomía de los paisajes (sobre todo urbanos), pero a día de hoy, es algo que debemos abordar.

domingo, 11 de marzo de 2018

Reflexiones sobre el 8M


Hay una premisa feminista que dice “La revolución será feminista o no será”. Se trata de un lema que tiene más significado de lo que parece porque no solo reivindica el papel del feminismo para empoderar a la mujer con el objetivo de conseguir una igualdad real, sino también realza que para conseguir esa deseada igualdad hace falta un cambio profundo, ya que los problemas son estructurales, es eso lo que, desde mi punto de vista, hace que el feminismo sea un movimiento asociado a la izquierda.

Personalmente no tenía pensado ir a la manifestación, supongo que por parte del desencanto que tengo hacia todo lo relacionado con la política, pero al final fuí con una amiga. Lo primero que pensé fué “que frescura”, mujeres de todas las edades protestando, con alegría, ilusión y convenciadas, ahí estábamos hombres como yo, en una posición totalmente subalterna y se nos notaba, pero era agradable ver toda la energía que se desprendía a nuestro alrededor. En cuanto ví todo aquello el famoso lema me vino a la mente, a pesar que, sorprendentemente, no ví ninguna pancarta dónde lo pusiera, pero seguro que alguno habría. Y eso que yo hace mucho que no creo en revoluciones. Aunque tuviera lazos con tradicionales formas de protesta y reivindicación toda la jornada era algo nuevo, que además, resultó ser un éxito que asustó a los partidos políticos más críticos al respecto, y sobrepasó al resto y a organizaciones sindicales, que, salvando excepciones no supieron muy bien como actuar.

Se trató por lo tanto de algo nuevo y que, el hecho de haber sido tan exitoso, abre la puerta a un futuro que, para muchos, puede ser ilusionante. Y todo esto a un año del próximo ciclo electoral. Si bien, todo esto, viene precedido de otras movilizaciones, sería increiblemente simbólico que fuera el punto de partida de un proceso de participación y protesta que vuelva a poner en el eje del tablero mediático los problemas sociales.

Por otra parte, pudiera ocurrir, que un proceso de participación popular genere una reacción tan fuerte que fracase y alimente las posiciones más conservadores del Estado, generando regresión en las posiciones conquistadas, como ha pasado con Cataluña. Aunque esto me parece menos probable.

Sea como fuera, quizás esto sea el comienzo de una inyección de oxígeno a próximas protestas sociales y a los partidos de izquierda, muy castigados por el debate identitario que ha beneficiado a las posiciones más reaccionarias del país. Aunque si que parece complicado que las opciones políticas actuales sean capaces de rentabilizar todo este, hipotético, capital electoral que se podría generar, y es que, de la misma forma que los métodos de protesta se reinventan también lo deberán hacer las herramientas para llevar sus propuestas al gobierno. Lo que está claro, es que lo que venga, ya no podrá hacer oídos sordos al feminismo, las mujeres tendrán que ocupar un papel relevante.


martes, 6 de marzo de 2018

Feminismo y medio rural


Todos esos valores que representa la izquierda, más allá de la lucha de clases, como son el feminismo o el ecologismo, son conceptos que chocan con los valores tradicionales de nuestra sociedad, quizás por eso cuesta tanto que se desarrollen en los pueblos, Una vez más, también aquí, se ejemplifica la brecha que se genera entre dos espacios que están interrelacionados, como son lo rural y lo urbano.

Desde un punto de vista demográfico las zonas rurales se caracterizan por una baja densidad, un sobreenvejecimiento y una desfeminización bastante acusada. A esto hay que unirle, si se me permite la licencia, un cierto olvido y sentimiento de superioridad del mundo urbano (generalizar da asco, lo sé). Quizás eso explique, en parte, el por qué es difícil que lleguen ideas progresistas que “perturben” las conciencias. Se trata de unas ideas conservadoras que se transmiten generación tras generación, en muchos casos promocionada desde las instituciones, sin aportes externos que traigan choques ideológicos importantes, y es que la gente no va a vivir a los pueblos, sale de ellos. Y todo esto en el mundo de internet, de las redes sociales, de los medios de comunicación... que si bien permite que todos tengamos acceso a cualquier tipo de información, muchas veces sirven para ratificarnos en nuestras ideas previas porque buscamos argumentos que nos las apoyen. Posiblemente todo dependerá de mucho del grado de ruralidad, de la situación geográfica del municipio e incluso de su cercanía a grandes urbes. De esta forma la vecindad de estos lugares repiten los mismos roles, con las mismas ideas, una y otra vez.

No creo que todo esto sea algo malo, sencillamente es una característica propia del mundo rural, es decir, hay falta de contraste de ideas, y por lo tanto, los tiempos son diferentes al mundo urbano. Esto, es algo que a la izquierda urbana le pilla a contrapié. De hecho ya ha tenido actuaciones algo cuestionables al respecto, y es que, lo que vale para la ciudad, no necesariamente puede valer para los pueblos. Reconozco que muchas veces, y eso que yo vivo en un centro comarcal (un pueblo grande), me he echado las manos a la cabeza con ciertas propuestas de conocidos de las ciudades. Porque la izquierda en los municipios, no tiene tanta capacidad organizativa y de movilización, le falta participación, ya que no hay una cultura al respecto, y sobre todo, o por lo menos en mi caso, rechaza el choque directo y la tensión con otros agentes, y es que en los pueblos nos conocemos todos. Por lo tanto, pienso, que lo que vale en la ciudad no vale en los pueblos.

Uno de los ejemplos más claros al respecto es el relativo al feminismo, algo muy rechazado en el mundo rural, pues siempre se asocia con una imagen de radicalidad y odio hacia los hombres, cuando no es ni mas ni menos que una lucha por la igualdad de genero que aún no se ha conseguido. Es por lo tanto algo que debería estar muy presente en nuestros pueblos, pues es en estos espacios dónde se visializa una mayor desigualdad entre el hombre y la mujer, dónde la imagen que tenemos del rol de la mujer es el de trabajadora, cuidadora, ama de casa y suele depender del marido para todo, y para colmo cuando hay casos de violencia de género la cultura del silencio es mayor por el que dirán. Algo que es cierto, pero cada vez hay una mayor pluralidad que a la vez es una gran desconocida y sería una buena forma de promocionar nuevos roles de la mujer rural en una relación de igual a igual con el hombre. Es curioso, pero también creo que, una vez más, desde el activismo urbano se han olvidado de la lucha en los pueblos. No ayudan al respecto determinadas imágenes y eslóganes, porque, como he señalado, en los pueblos los tiempos son diferentes. 

Puede que el problema sea que, una vez más, las acciones se planifican desde las ciudades para los pueblos. La reflexión es siempre desde el mundo urbano, no obstante, allí comienzan siempre los grandes cambios, pero sin tener en cuenta las aportaciones del mundo rural, en este caso concreto de las mujeres del mundo rural, que tienen  mucho que decir, pues nadie mejor que ellas conocen cuales son sus carencias y dificultades. 






lunes, 26 de febrero de 2018

El feminismo y la izquierda


Durante años me pregunté que era la izquierda, leí libros, me enchufé en vena teorías, el marxismo me llegó a salir por las orejas, incluso adoré a Marx hasta casi convertir su palabra en dogma… faltaba algo, incluso en los análisis y debates que teníamos los compañeros de universidad (debates frikis, sí). Con el tiempo supe que tenía un poco que ver con mi idea de la izquierda. Para mí, la izquierda no era más que la lucha de clases, siendo todo lo demás la guarnición del plato principal. Pero no, esa visión que en algunos casos me inculcaron desde pequeño, carecía de otras perspectivas, o de una actualización propia del siglo XXI.

Con el tiempo, las reflexiones, el estudio… empecé a pensar que la izquierda era mucho más, hasta que llegué a una conclusión  clara y simple: para mí la izquierda es la lucha por la igualdad, y por lo tanto, en el análisis que se hace de la realidad hay que tener en cuenta todos los elementos que generan la diferencia entre seres humanos e integrarlos, porque todo está relacionado. De esta forma es importante el concepto de lucha de clases desde luego, pero también movimientos como el pacifismo, el ecologismo, movimiento LGTBI… o, el feminismo, formando todos parte de los movimientos progresistas de forma natural, pues todos empujan hacia la eliminación de las barreras que sustentan el sistema actual.

Pero esto choca con la realidad de la izquierda, dónde muchos de estos movimientos no son del todo aceptados, quizás porque muestran y retratan que algunos no son tan abiertos como pensaban, porque como dije antes, algunos no ven más allá de la lucha de clases. Cuántas veces hemos visto en las películas las huelgas obreras en fábricas y las mujeres en casa preocupadas por su marido y sus hijos. ¿Y esa frase, condescendiente dónde se señala que detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer? ¿Por qué tiene que estar detrás?¿y si la pusiéramos al revés, no chirriaría? Pues esta frase siempre la he asociado un poco a personalidades de la izquierda, a quienes respeto mucho, por otra parte.

Todo esto tiene que cambiar, y afortunadamente en el siglo XXI, por lo menos en España, con sus avances y retrasos, se consiguieron cosas importantes, y desde luego no fue porque los hombres, no porque mujeres que adoptaron papeles masculinos, empujaran, sino porque con mucho esfuerzo se ha ido originando un movimiento que ha empujado a gobernantes a actuar.

En este sentido, el día 8M habrá una huelga feminista. Algo que está generando un rechazo importante en sectores conservadores, como no podía ser de otra forma. Este tipo de actos son los que hacen a la gente mostrar su verdadera cara. Pero que también ha encontrado cierta resistencia dentro de la izquierda, o por lo menos cierta incomprensión, que se traduce en falta de apoyo y silencio.

Creo que el movimiento feminista hace bien en convocar esta Huelga, y eso que soy de los que no creen mucho en las Huelgas Generales al entender que son instrumentos que necesitan revisión, pero han focalizado el problema y han generado malestar en quienes quieren que todo siga igual, inclusive dentro de la izquierda. Pero yo les diría a quienes no ven bien el protagonismo que están tomando movimientos como el feminismo, que se actualicen, que la pana estaba de moda en los 80 y ahora estamos en el siglo XXI.