miércoles, 31 de enero de 2018

Meseta Sky y las miserias de la política

Desde hace unos meses en la diputación de Valladolid está teniendo lugar una comisión de investigación sobre Meseta Sky, ya he hablado alguna vez de este proyecto: se trató de un intento de dinamización comarcal, creando en un Cerro del municipio de Villavieja del Cerro, en pleno secarral Castellano una pista de sky. Independientemente de la locura que podría suponer esa idea a priori, lo grave no fue eso, sino que nuestros gobernantes no se dieron cuenta de la prohibición, debido a la ley de montes, de construir ahí y de que el presupuesto se elevó exponencialmente. El resultado es que, ahora, no hay Meseta Sky y que el dinero público, una vez más, ha pasado de las entidades públicas a manos privadas. De sobra es conocida la gran capacidad de gestión del Partido Popular…

No tengo muchas esperanzas en la comisión de investigación. De hecho soy de los que piensan que las comisiones de investigación sirven para muy poco. No tienen, lógicamente, competencias judiciales, por lo tanto lo que se debe abordar en ellas serán responsabilidades políticas, pero a la vista está que  eso no tiene mayor alcance, porque, por lo general, y salvando honrosas excepciones, los partidos no castigan las malas prácticas y los ciudadanos no solemos pasar factura electoral. A esto hay que añadir que estamos hablando de algo que está ocurriendo en una Diputación provincial y lo que ocurre ahí nos interesa a muy pocos. Lo único para lo que encuentro utilidad a estas comisiones es para abrir un pequeño debate, pero que no creo que pueda tener largo alcance.

No obstante, y dado que en el Norte de Castilla suele venir a dos páginas, suelo echar un vistazo a lo ocurrido. Y, desde mi punto de vista, en esta comisión vuelven a salir a la luz muchas de las miserias de la política institucional, que a pesar de que puede haber cambiado algo, después de tanta indignación y la aparición de dos nuevos partidos hablando de regeneración (ese es otro debate sobre el que soy pesimista), lo cierto es que siguen ahí.

Por un lado tenemos el papel de instituciones como las diputaciones, más preocupadas en el mercadeo de puestos políticos, que generan empresas como SODEVA, para que con la palabra desarrollo por bandera se construyan infraestructuras poco necesarias y que así el dinero público pase a manos privadas. Todo esto, por supuesto, bajo un manto de falta de democracia, de transparencia y con desinterés ciudadano (el sueño de cualquier gobernante que quiera hacer lo que le plazca).

Por otra parte está la actitud individual de algunos políticos, como la ex alcaldesa de Tordesillas, cuya premisa parece ser que hay que figurar dadas unas palabras en las que señaló que ella cobraba de SODEVA pero que no sabía muy bien para que servía su puesto. Recuero, en este aspecto que una persona me digo: “es estrategia infanta”, yo pensé “no, no lo es, porque estoy seguro de que, al contrario que la infanta, ella, es cierto, que no sabía cuál era su función”, lo cual no la justifica, y no sé si pensar que es peor. Esta actitud está muy extendida en política, ya que, los puestos, son una especie de medallas de partido, que indican que estás más o menos considerado internamente, aunque estés cobrando de la hacienda pública y no estés haciendo nada por los ciudadanos (hay que valer, hay que tener estómago).

Y para finalizar, estamos asistiendo a un teatrillo. Si cuando apareció Meseta Sky todos los partidos se hacían fotos juntos y parecía que estaban todos a una,  ahora todos señalan al PP, y el PP no puede señalar a otros porque lleva gobernando la diputación por los siglos de los siglos, pero si pudiera estoy seguro de que echaba las culpas al primero que pasara por allí.


Es decir, si bien no creo que la comisión sirva para mucho, lo que tengo claro es que estamos asistiendo a otro desfile de vicios de la vieja política. Quiero pensar que esto cambiará y que es cuestión de tiempo… pero no lo tengo tan claro. 

martes, 26 de diciembre de 2017

Lo que esconde Carracastro

Pecamos de cortoplacismo, somos así (yo también), somos incapaces de ver más allá de la respuesta inmediata, queremos beneficios rápidos y si aparece algún problema tirar la pelota hacia adelante. Somos así, aunque quizás sea pesimismo.

Hace unos meses apareció en los periódicos una noticia sobre la instalación de un parque eólico en el término municipal de Tordesillas, concretamente en la Cuesta Carracastro (un cerro testigo), pensé: “bien, el ayuntamiento recibe dinero, que gastará en alguna chorrada, se generará algún puestecillo de trabajo, y salvando el impacto visual y el ruido no se producen excesivos problemas”. Lo que si me extrañaba es que no se hubiera hablado de esto y prácticamente la gente se enterara porque salió publicado en el boletín oficial, no le dí importancia hasta que hubo gente que me habó del yacimiento arqueológico que hay en ese lugar.

Poca gente conocía ese dato, y sigue sin conocer (o no quiere conocer), pero parece que en Tordesillas tenemos un auténtico tesoro arqueológico.  Carricastro guarda un asentamiento de la edad del Bronce de más de 1000 años, dónde se han encontrado restos que datan del siglo XV a.c. Allí, en diferentes prospecciones (nunca ha habido una gran excavación) se ha encontrado granito del sistema central y hachas, cuchillos, utensilios y demás objetos de bronce, así como goterones que señalan que  fue un lugar de fundición de bronce, algo que ya indica la importancia del asentamiento, pues lo normal era que, en el interior de la Península, al ser zona de menor contacto entre pueblos, no existiera proceso de creación sino solo intercambio. Además, si lo unimos al hecho de que en otros yacimientos se han encontrado apenas cuatro piezas de bronce y aquí han sido más de veinte hace pensar que podríamos estar en un importante centro económico de la época en el interior peninsular.

Cuando me enteré de todo esto esbocé una pequeña sonrisa porque pensé “seguro que el primer aerogenerador que pongan cogen y se cargan un edificio importante, encima de la necrópolis por ejemplo”. Me entristece, porque al final eso es patrimonio, es una huella de lo que fuimos, y egoístamente, no atender correctamente esto supone perder mucho más de los 200.000-300.000 euros que el Ayuntamiento de Tordesillas ganará.

El patrimonio arqueológico, cultural, histórico… es una posibilidad de desarrollo no solo municipal sino comarcal, una posibilidad que no nos deberíamos permitir perder. Se trata de un potencial recurso turístico, bien gestionado y vendido, claro, un reclamo para el turista que ansía consumir productos culturales diferentes. Es decir, una posibilidad de introducir dinamismo económico en la comarca, de hecho podría formar parte  de una red de productos patrimoniales, que a veces se echa en falta dado el empeño de los municipios de no colaborar entre ellos, la riqueza cultural que tenemos en nuestro entorno es inmensa, pero la sacamos poco rendimiento. Siempre me ha parecido un “lujo” que no se pueden permitir el hecho de que todos los municipios alaben su pequeña fuente o su pequeño monumento pero no sean capaces de colaborar entre ellos para venderlo dentro de una oferta turística diversa.

Yo no sé si que se contruyan aerogeneradores y que se inicie un proceso de puesta en valor de ese patrimonio que tenemos en Carracastro es algo compatible. Pero lo que sí tengo claro es que si no lo es, sitios para poner aerogeneradores hay muchos como para arriesgarnos a destruir un recurso de esas características. Creo que una puesta en valor de ese espacio podría introducir un reclamo para visitantes, no solo a Tordesillas, y eso también generará dinamismo económico, pero sobre todo vida en las calles y posibilidades de nuevos negocios o que se mantengan los ya existentes.


viernes, 15 de diciembre de 2017

El envejecimiento como negocio y sus posibles soluciones

De nuevo una alarma de un día de duración. No es la primera vez que los indicadores demográficos señalan un envejecimiento de la población, será la primera vez que el saldo vegetativo total es negativo, pero es que se veía venir. La pregunta no puede ser, por lo tanto, ¿Qué hacemos? tiene que ser ¿Qué hemos hecho hasta ahora? Porque antes de abordar planes futuros habrá que ver de dónde partimos, y el hecho es que en España, salvando Andalucía, hace tiempo que abandonamos las altas tasas de natalidad y que se consiguió aumentar la esperanza de vida.

Personalmente no me creo el discurso del “drama” demográfico, en todas sus vertientes,  porque creo que ningún partido político con capacidad de gobernar va a abordar el problema de raíz. En realidad es un problema enraizado en el modelo de desarrollo económico que nos hemos dotado y del que la oligarquía ha conseguido sacar rédito (la verdad es que es increíble la capacidad de adaptación del capitalismo), desde estabilidad política derivada de una gente mayor que es improbable que cambie el voto, hasta ganancias económicas ya sean a través de gestionar desde lo privado las necesidades de la tercera edad o empujando a la gente a contratar planes de pensiones privados con el discurso del miedo. Es decir, toda una serie de ventajas, para los que mandan que no van a querer perder.

Aun así, y aunque a base de una gran inversión económica, se pudiera paliar la caída de la natalidad con una política natalista importante (conciliación de la vida familiar, ayudas por hijos, a la emancipación, permisos de paternidad y maternidad, incluso se podría meter iniciativas para beneficiar al medio rural al respecto…), algo que no está demás, tenemos que tener claro que solo con esto no bastará, y no bastará porque hay una serie de elementos que no deben ser reversibles porque están en la base de nuestro desarrollo.

Por una parte tenemos las causas del aumento de esperanza de vida, de la caída de la mortalidad, como son mejoras sanitarias, alimenticias, higiénicas, buenos hábitos para la salud… es decir, una serie de mejoras que lógicamente deben seguir avanzando en la misma línea.

Por otra parte nos encontramos con la caída de la natalidad. Como antes he mencionado, si bien es cierto que se puede aplicar una política de natalidad fuerte, lo cierto es, que ya no será posible volver a las tasas de los años 70 cuando empezó a caer el número de nacimientos por mujer, en gran parte debido a la progresiva liberación de estas, algo que debe seguir en progresión: su incorporación al trabajo, a la educación, la mentalidad de mujer moderna… Elementos que han hecho que ya no todas las mujeres, parejas se planteen tener hijos y, si los tienen, haber atrasado mucho la edad para ello con lo cual el número de hijos por mujer es menor.


¿Puede mejorar esto como consecuencia de una política natalista fuerte? La respuesta es sí, pero no basta, hay que mirar a nuestro alrededor, incluso a nuestro país, para encontrar lo que ha funcionado. En nuestro país, concretamente, la caída de los nacimientos por mujer ha ido cayendo y solo cuando España se convirtió en un país receptor de emigración, de corte latinoamericano y africano, aumentaron estas. Pero no solo en nuestro país, países del centro y norte de Europa se beneficiaron de ello mucho antes. Por lo tanto, y aunque puede ser controvertido, lo cierto es que, la experiencia demuestra, que la recepción de inmigrantes es un seguro a la hora de combatir el sobrenvejecimiento. Como todo tendrá otras consecuencias, negativas si es mal gestionada (competir por los mismos recursos y servicios, choque cultural, utilización para precarizar el empleo…), pero es algo que ya se ha demostrado que funciona desde el punto de vista de aumentar el saldo vegetativo. 

viernes, 8 de diciembre de 2017

El juego de las banderas o el circo catalán

¿Cuál sería el debate mediático si no existiera el “proces”? Esta pregunta me surge porque a lo largo de estos meses he visto como siguen saliendo noticias en torno a tramas de corrupción, los desahucios siguen existiendo (y para colmo hay un repunte de la burbuja), las eléctricas siguen haciendo lo que quieren y para nada se plantean medidas contra la pobreza energética, hay un giro autoritario de la legislación, el paro empieza a ser estructural, no se han revertido los recortes en sanidad, hay un proceso de asfixia a los ayuntamientos para que se lancen a la privatización de servicios… Es decir, toda una lista de dramas y de escándalos que entre unos y  otros nos tapan con banderas. 

Para colmo no hay un debate sosegado, con datos, todo parece teatro, pero teatro que polariza y da alas a quien no tiene que dar alas. Por una parte, tenemos a los independentistas, ideando un relato engranado a través de una consulta que hubo sin garantías y empeñados en hablar de que España no es un estado democrático, con su división de poderes y mencionando constantemente a presos políticos. Refiriéndose a gente que está en la cárcel por saltarse la ley, no por su forma de pensar, leyes, que, por otra parte, desde el marco constitucional se pueden cambiar. Me parece un lenguaje muy agresivo, aunque entiendo que estamos en campaña electoral.  

Por otro lado tenemos a los llamados constitucionalistas, más bien señalaría unionistas (porque también Cataluña en Común quiere que se cumpla la constitución aunque quiera adaptarla a los nuevos tiempos) o “nacionalistas españoles” a los que les ha venido esto al pelo y piensan tensar la cuerda hasta sacar todo el rédito electoral posible, en el caso de algunos, incluso, dándoles igual si crean un problema parecido en el País Vasco, eso sí, luego con mencionar a Adolfo Suarez lo tienen hecho. No sé qué nuevo pacto constitucional quieren hacer cuando desprecian la plurinacionalidad del estado. Quieren, por lo tanto, solucionar el problema territorial aplicando las mismas recetas que lo generaron, es decir, la imposición de su idea de España.


Y detrás de eso, nos encontramos con la problemática social:  el drama de muchas familias que siguen sufriendo las consecuencias de una crisis económica, que yo no sé si se ha acabado o no, pero cuyos efectos siguen estando muy presentes. Dramas con nombre y apellido. Sigamos jugando al juego de las banderas mientras la fractura social es cada vez mayor.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Feminismo, izquierda e igualdad

No suelo dar mi opinión cuando estoy en grupos donde hay gente que no conozco, como mucho digo palabras amables que no me vinculan a nada, supongo que por evitar tensiones innecesarias, al fin y al cabo me gusta debatir con quien me puede aportar visiones diferentes y hacer pensar.

En esas situaciones me dedico a observar, me gusta ver como se comporta la gente en grupo. Uno de los temas más comentados estos días ha sido la violación, supuesta pues todavía no hay sentencia, de una joven en los san fermines. Me he dado cuenta de que, aunque hay una condena bastante unánime, como no podía ser de otra forma, cuando se profundiza un poco más se empieza a matizar las cosas, empiezan los comentarios machistas incluso, ya en algún caso, a cosificar a la mujer.

Cuando observas estos comportamientos, bastante extendidos, te ratificas en que el machismo es un problema más grande del que pensamos, que en el extremo lleva a lo ocurrido en los san fermines pero que impregna todas las capas de la sociedad, se trata de valores negativos que se van transmitiendo de generación en generación. Creo que en cierto modo todos tenemos algo de machistas, yo me he llegado a obsesionar en buscar comportamientos míos que no tenía localizados (otros sí que los tengo), reconozco que a veces me los han tenido que echar en cara, lo que pasa, que, como en todo, solo le doy valor a la gente que me respeta a mí como persona. Además soy bastante comprensivo con quien los posee, suelo pensar, no es culpa suya es la sociedad que nos dice como debemos comportarnos.


Francamente no ha sido hasta hace relativamente poco cuando me he dado cuenta de que el feminismo debe ser una de las prioridades de la izquierda. Mi yo de 18 ni siquiera del de 24, hubiera dicho esto. Para mí la izquierda siempre ha sido la lucha por la igualdad, pero siempre pensé que lo mas importante era el derribo de las clases sociales, sin darme cuenta que todo está unido y que una cosa no se puede separar de la otra, algo que he aprendido hace relativamente poco tiempo. Nunca es tarde. La gente de izquierdas que desdeña el feminismo de la lucha, se olvida de un aparte fundamental porque jamás se podrá conseguir el objetivo de eliminar las desigualdades si se prescinde de la lucha contra la discriminación de genero.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El cierre de la central de Velilla del Río Carrión, una contradicción para la izquierda

Hace unos días saltó la noticia a los medios de comunicación sobre el posible cierre de la central térmica de Velilla del Rio Carrión. Me he fijado en las reacciones, y una vez más me sorprende la falta de capacidad de análisis, de sensibilidad y de autocrítica.

Falta de autocrítica porque, como siempre ocurre, lo ocurrido es consecuencia de una serie de toma de decisiones, o ausencia de estas, en el pasado. En nuestro país ha habido ayudas para todo, desde el propio estado, pero sobre todo desde la Unión Europea, dónde se ha nos ha vendido que la lucha por la igualdad de los habitantes de todo el territorio solo puede conseguirse a través de los fondos de cohesión, algo que en la práctica se ha visto como algo no cierto, posiblemente porque no se han aplicado correctamente, pero también porque el mercado y las políticas de cuotas han asfixiado el modelo productivo de muchas zonas.

En las zonas mineras ha habido un problema, el carbón no es rentable por diversas circunstancias: es más barato en otras zonas europeas, hay nuevas formas de energía… Pero todo el desarrollo de esas zonas estaba vinculado a la extracción y utilización de este. ¿Qué hacer? La idea era buena, es decir, la lluvia de recursos económicos para subvencionar el sector e ir diversificando el modelo productivo. Pero en la práctica ha sido un desastre, la inversión no ha ido destinada a la construcción de una alternativa laboral y económica. ¿Quién es el culpable? Las administraciones autonómicas y locales no han utilizado ese dinero para dinamizar la zona, pero a la vez los ciudadanos han vuelto la mirada a sus pueblos y lo han invertido en las ciudades. En el futuro se debería empezar a buscar otro modelo de inversión desde el estado, porque este no funciona.

Personalmente creo que es importante, en la izquierda y en la derecha, analizar los hechos que nos llevan hasta el momento actual, porque las cosas no ocurren por generación espontánea, y una vez más, ha faltado el relato.

Por otra parte, me asusta la superioridad moral de una importante parte de la izquierda urbana.  Reconozco que siempre me he movido en una constante contradicción en este aspecto, desde pequeño me han hablado de las luchas obreras, dónde los mineros despertaban especial interés para mí, pero a la vez, hay que tener en cuenta que el futuro pasa por las energías renovables, y que conceptos como ecología, pacifismo y feminismo (aunque en algunos casos estoy en contra de la forma que se tiene de conseguir los objetivos) forman parte de la izquierda del siglo XXI. Ahora bien, para mí no es muy difícil pensar que para mantener vivos determinados espacios, y luchar contra el vaciamiento demográfico, es necesario promover perspectivas laborales y que se pueden cerrar fábricas sin dar alternativas porque obligas a la gente a emigrar. Pues bien, creo que hay un sector importante de la izquierda urbana que actúa mal, que aplaude con las orejas el cierre de una central, que si bien hace tiempo tenía que haber sido sustituida por otras alternativas para la zona, va a destruir las perspectivas laborales de un espacio muy castigado por el mal hacer de las administraciones. Un giro de tuerka más hacia la irreversibilidad del problema de la despoblación en estos espacios.  Pero claro, desde la ciudad siempre se ha tenido una moralidad superior y se pueden permitir decir lo que le conviene a cada uno sin preguntar.

 Lo lógico es, cambiar el modelo productivo, pero mientras tanto mantener la central abierta. Hay mundo más allá de la ciudad, aunque no nos guste afrontar de forma consecuente sus problemas.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Ilusión perdida

“Ibamos a dar el sorpasso y al final nos han dado un sopapo” Así sentenció una amigo mío el día de las últimas elecciones generales, mientras seguíamos el escrutinio en un bar, tomando una cerveza después de una jornada dónde nos creíamos que algo “gordo” podía ocurrir. Por primera vez la izquierda había actuado como la derecha, apartando las diferencias y acudiendo conjunta a una cita electoral. Por ello muchos nos habíamos comido principios, aceptado cosas que en otros momentos no aceptaríamos, incluso involucrándonos en campañas y proyectos electorales (no hablo solo de las generales). En la puerta se encontraban personas más mayores como ajenas al sentimiento de decepción que un servidor tenía, quizás porque ellos ya habían vivido muchas derrotas de la izquierda aunque tuvieran sabor a victoria. Por mi parte, lo más grande que yo había vivido eran 11 diputados de IU que valían para poco y que si me pilla unos años más adelante me hubiera comido el voto, y las maravillosas historias de mi padre señalando que la izquierda una vez tuvo 21, despertando así mi interés por la figura de Anguita. Ese día no solo perdió la izquierda, se apagó la ilusión, le política dejó de ser menos atractiva y volvimos a la estrategia de resistencia.

Toda esta conclusión, que no se si será coyuntural, viene de la mano de todo lo que estoy viendo relativo a Cataluña, pero es un proceso que arrastro de muy atrás. Aunque, personalmente pienso que toda esa frescura que me enamoró de PODEMOS se ha ido perdiendo y el último episodio es un debate identitario que me aburre y que no me aporta nada ni me ilusiona.

Pablo Iglesias ha pasado de ser ese tipo con coleta que hablaba para todos en las televisiones a ser una persona que ha adoptado el discurso y las formas de una izquierda “perdedora” y lo peor de todo es que con tanto cambio de estrategia, dudo que ya tenga credibilidad si lo cambia. Ese discurso valiente y desafiante, que convenció en el pasado, se ha convertido en un discurso previsible y cobarde que ya he escuchado y visto fracasar un montón de veces. La estructura de partido, las formas, la retórica... todo eso ya es pasado. Es más, incluso se han vuelto torpes delante de las cámaras, que era una cosa que antes se les daba muy bien.


Da la sensación de que el próximo ciclo electoral va a ser una ola de decepciones, yo, por si acaso, en esta próxima etapa ya he decidido no comerme más principios, que me pegué un empacho y me he indigestado. Al fin y al cabo, ya no me pueden prometer el cielo y considero que principios es de las pocas cosas buenas que tengo, me tengo esa estima y me jodió mucho obviarles por "una causa mayor".